La menopausia llegó… y me encontró más fuerte que nunca
15 jul
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Cuando entré en la menopausia, hace aproximadamente dos años, muchas personas me preguntaban:
“¿Y qué tal? ¿Has notado cambios?” “Oye, te veo súper bien…”
Y la verdad es que mi respuesta era bastante sincera: no.
De hecho, sentía —y sigo sintiendo— que cada día estoy más fuerte.

Quizás porque llevaba años cuidándome, escuchando mi cuerpo, moviéndome, intentando mantener equilibrio entre trabajo, descanso, alimentación y bienestar. O quizás porque entendí hace tiempo que cada etapa de la vida merece ser vivida desde la observación y no desde el miedo.
Pero hubo algo que sí cambió.
Empecé a notar unos pequeños granitos cerca de la oreja. Nada especialmente llamativo, pero sí diferente a lo habitual en mí.
Y ahí apareció una pregunta que siempre me acompaña cuando algo cambia:
¿Qué me está queriendo decir mi cuerpo?
Como investigadora nata que soy, empecé a leer, buscar, preguntar y entender más sobre los cambios que también ocurren en la piel durante esta etapa.
Y fue así como llegué a la cosmética natural.
No porque estuviera buscando una solución milagrosa. Tampoco porque piense que todo lo convencional sea malo. Pero sí porque sentía que quería empezar a elegir de forma más consciente qué ponía sobre mi piel.




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